Posts Tagged ‘relaciones’

9 julio
2013
escrito por cosasdetias

Los veranos son épocas de escasas noticias pero siempre hay algunas que se repiten, como los 45º de Écija, la foto de la Familia Real en Marivent cada vez más escasa (dentro de nada necesitarán un apartamento y venderán el palacio) y en septiembre el que aumentan los divorcios.

Si esto es tan previsible ¿qué hace que no pongamos remedio ante las primeras señales? ¿sabemos detectarlas? ¿nos damos cuenta de las consecuencias si no hacemos algo? ¿alguna vez habéis pensado que la vida en pareja es tan importante que si no funciona nos va a afectar a nivel laboral, social y personal? O ¿es que hemos perdido esa valoración hacia la vida en pareja que se ha transformado en material fungible donde deshacernos del otro es lo más fácil?. En este país 3 de cada 4 matrimonios acabaron en divorcio en el 2012 y el hecho de divorciarnos es considerado como un hecho traumático para el ser humano. ¿Podemos buscar soluciones antes?.

Os vamos a ayudar a reconocer las señales de alarma que os tendrían que activar a buscar un solución:

  • Observa las emociones que te produce tu pareja como por ejemplo de rechazo al verle/a, incomodidad, tristeza, ansiedad, impotencia, desagrado, etc.
  • Las falsas expectativas, es decir, cuando nos anticipamos y creemos que nuestra pareja va a actuar de una manera concreta y no lo hace, y nos sentimos mal porque creemos que lo debería haber cumplido y parece que intencionadamente no lo ha hecho. Tendemos a adivinar el pensamiento del otro.
  • Falta de planificación de actividades en pareja donde compartir momentos agradables.
  • Valorar más todo lo externo a la pareja, como los amigos que son más cariñosos, otras parejas que se llevan mejor, etc. en vez de lo interno.
  • Dramatizar los problemas banales del día a día.
  • Priorizar lo individual que la vida en pareja, es decir, buscar la propia satisfacción personal sin tener en cuenta al otro.
  • Falta de comunicación, aburrimiento, silencios, etc.
  • Faltas de respeto donde no nos referimos solo a agresiones físicas sino a ciertos gestos de desprecio, de indiferencia, elevar el tono de voz, desplantes, evitaciones, etc.
  • Disminución del deseo sexual.
  • Ciertos síntomas como pueden ser falta de concentración, apatía, problemas de sueño, cambios en nuestra alimentación, alteración de los estados de ánimo, etc.

Así que poner en marcha vuestro termómetro de pareja para que no se eleven tanto las temperaturas que lleguéis a salir en las estadísticas de septiembre.

Un abrazo a todos.

 

 

 

 

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14 junio
2013
escrito por cosasdetias

Nos encontramos en consulta muchas parejas que tienen a sus hijos en la cama. Este tema supone mucha controversia y hay que analizar cada caso ya que no se puede generalizar. No siempre la solución aplicada por una familia sirve para otra.

Hay que diferenciar las distintas etapas por las que pasa un niño, no estamos hablando del colecho, la etapa del lactante, sino cuando el niño va creciendo y nosotros seguimos teniendo el mismo hábito, aunque nuestro hijo tenga otras necesidades.

Pensemos primero ¿para qué está mi hijo en mi cama? ¿qué función cumple?. La decisión de meter a mi hijo en mi cama viene dado por diferentes razones. Una de ellas son los estilos de crianza transmitidos de padres a hijos, otros serían los miedos personales, la sobreprotección, la relación de pareja, por comodidad y mejora del descanso, por falta de habilidades a la hora de poner limites e instaurar rutinas, etc.

De lo que hoy queremos hablar, es de casos que nos encontramos donde chicos y chicas a partir de 7 u 8 años hasta 20 a 25 años siguen durmiendo con sus padres. Esto implica por un lado que su despertar sexual lo unirán con los padres, identificando esa sexualidad a través de ellos. No es raro encontrarnos adolescentes que duermen con los padres incluso sin ropa interior. No sé si nos hemos parado a pensar que existen poluciones nocturnas, erecciones, sueños sexuales que estamos compartiendo con nuestros hijos. Esto puede conllevar que nuestro hijo/a tenga mayor dificultad a la hora de diferenciarse con respecto al otro, es decir, a saber marcar los límites con respecto a sí mismo y a los demás, a respetar el espacio individual de cada uno, a guardar su propia intimidad y a desarrollar una correcta actitud en pareja.

Por otro lado a veces tenemos que ser conscientes para saber qué nos está pasando como padres/pareja para mantener a nuestro hijo en la cama ¿acaso el hueco ya estaba hecho?

 

 

 

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16 mayo
2013
escrito por Pi

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No sé si alguna vez las mamás se han parado a pensar en los comentarios que hacen sobre sus hijos delante de alguna persona soltera… Y más si es una mujer sin hijos,  con escasas posibilidades de tenerlos y realmente deseosas de tener uno.

Cuantas veces escucho de diferentes mamás lo de qué suerte tienes tu que no tienes hijos y no tienen ni idea de lo que se puede llegar sentir por no tener un bebé, de la cantidad de lágrimas que se derraman cuando hay que comprar un regalo o se ven sillas de paseo o una madre que le da de comer a su hijo.

Si enumeramos los problemas que me plantean van a empezar todos con “qué suerte tienes” por poder dormir enteras todas las noches o por poder levantarte cuando quieras o porque tienes las tardes para hacer lo que tu quieras o porque puedes salir a comprar sin problemas o porque puedes charlar con tus amigas tomando un café sin nadie que te moleste…

mano Y yo digo “qué suerte tienes” porque hay una personita que por las mañanas te ofrece una preciosa sonrisa y te da un abrazo y un beso, porque alguien te dice “mamá”, porque el olor a bebé es lo mejor del mundo, porque hay una persona llena de cariño y amor de la que eres su referencia, porque el vínculo que se establece entre madre e hijo/a es único y para toda la vida, porque hay una persona que se refugia en tus brazos cuando está asustada…

Realmente me gustaría decir, la decisión de tomar hijos ha sido tuya y yo no estaba animando a que lo tuvieras, si lo tienes es porque lo querías tener y el tenerlo implica un sacrificio que adquieres para lo largo de toda tu vida. Tu tenías la opción de tenerlo o no tenerlo y has decidido tenerlo. Qué suerte tienes que has podido tener esa decisión, ¿no crees? Piensa que otras personas no pueden tenerla.

Ojala tuviera noches sin dormir porque alguien se despierta asustado o necesita agua, ojala pudiera mostrar una vomitona como huella de “guerra”, ojala unos besos me despertaran por las mañanas, ojala pudiera acostarme agotada de jugar con coches o de hacer compras imaginarias, ojala que unos bracitos me rodearan, ojala sintiera la necesidad de proteger a alguien, ojala tuviera que ayudar a alguien con los deberes, ojala pudiera reírme por las ocurrencias de un niño, ojala tuviera que comprar bodys o baberos o poder escudriñar la sección de niños de Ikea o saberme el catálogo completo de las diferentes sillas de paseo, ojala mano2pudiera ver como una persona va creciendo a mi lado y va adquiriendo su personalidad, ojala pudiera tener la satisfacción de que a mi madre la llaman abuela y ver la alegría en sus ojos, ojala pudiera tener una complicidad especial con mi hijo, ojala tuviera que gastar dinero en ropa o guardería/colegio en vez de en un especialista que me ayude a aceptar mi realidad, ojala pudiéramos pensar en hacer viernes de pizza con una peli de dibujos, ojala tuviera a quien contarles cuentos por la noche, ojala tuviera que ir a parques infantiles y organizar fiestas de cumpleaños con globos, ojala tantas y tantas cosas, pero sobre todo ojala sintiera la felicidad de que alguien te diga mamá.

Puede que se haya idealizado demasiado con la maternidad, pero créeme que la mía no es estupenda y que las personas que deseamos tener hijos nos habría encantado. Así que te pido por favor que no te quejes a mi lado…

Pequeña mano

6 mayo
2013
escrito por Ras

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La frase “el perro es el mejor amigo del hombre” es cierta para muchas personas y a la vez  incierta para muchos otras, porque dependerá de preferencias y experiencias personales, eso está claro. Como siempre, las grandes frases necesitan de alguna que otra matización para no caer en tópicos populares, o como yo suelo decir: hemos de respetar a “cada uno con sus cadaunos”. Pero como estamos obligados a convivir conjuntamente los amantes de los perros con los que nos molestan, hemos de llegar a un acuerdo lo más civilizado posible.

Hace unos días me mantuve alerta ante una noticia emitida en el telediario: era una campaña a favor de los “perros educados” para reivindicar sus derechos para poder subir a los transportes públicos (autobús, metro, avión) y poder estar y permanecer en restaurantes. El argumento principal es que si son perros que se comportan adecuadamente y están educados, si pueden compartir espacios comunes, y mostraban la imagen de cambiar las pegatinas de prohibido la entrada a los perros por otra de amigos de los perros. En esta temática no voy a debatir porque es un argumento moderado y con pros y contras que pueden debatirse incluso inteligentemente si me apuras. Tampoco con el inestimable papel que muchos perros juegan y desempeñan para los ciudadanos como son los perros lazarillo, o los perros de rescate de personas, o los perros detectores de drogas/bombas, o los perros con papel terapéutico para personas con depresión o con problemas de comunicación, etc. De hecho, tengo la valentía de darles las gracias por su labor públicamente. Pero con los que si me atrevo, a criticar, es con aquellos perros que tienen a “dueños gilipollas”. Porque si te paras a pensar, no es que tengamos problemas con determinados perros, sino que los problemas de convivencia los tenemos con sus dueños.

He tenido bastantes malas experiencias con estos “dueños poco respetuosos” que por sentido común y por causa y efecto simple y directo tienen “perros poco respetuosos”, pero voy a señalar tan sólo tres (y me esforzaré en hacerlo con sentido del humor). La primera y la más deprimente (pero la más graciosa) es que estando con mi niña de 3 años en el parque, vi perpleja como tras bajar mi niña por el tobogán, se acercó “una tipa” con un chiguaga pequeñito al que instó insistentemente en que subiera para luego bajar por el tobogán. Ante mi sorpresa y sobre todo ante el cartel gigante que existe en todos los parques infantiles de prohibido los perros, me atreví a comentarle que su comportamiento era inadecuado, a lo que me miró con unos ojos enormes, llenos de perplejidad me dijo: “¿Qué pasa, qué te molesta?” A lo que le conteste que sí, que si no sabía que estaba prohibido y que los columpios era “para los niños/as”, a lo que me contestó toda malhumorada, “¡Pero qué intransigente eres!” marchándose de muy malas maneras. Y digo yo, ¿no tendría que ser yo la malhumorada y la que tachara yo a ella de intransigente?). La segunda mala experiencia, fue en otro parque infantil, cuando estando de nuevo con mi niña dentro del parque infantil, entro un pastor alemán, se acercó a un columpio (un balancín con forma de coche….lo describo sobre todo para otros padres, abuelos, tíos y demás familia si quieren abstenerse de montar ahí a su tesorito) levantó la pata y liberó totalmente su vejiga! Incrédula, más todo el asco que podáis imaginar, fui a interesarme por el dueño, y lo encontré, pero estaba con otros nueve dueños más por lo que me ahorro contaros el bochorno final (si os diré que fue una mayoría aplastante porque en el reino de los tuertos, el ciego es el amo). Y la tercera, y la más triste de contar, por toda la falta de educación que trasmite, fue cuando un tremendo labrador venía corriendo hacia nosotros, y le grité a su dueño que lo atara, pero el dueño sin inmutarse decía tranquila y cómodamente: “tranquila que no hace nada”. Pero el labrador seguía corriendo, y cierto que paró a 5 cms delante nuestro, y al volver a insistir al dueño que debía de ir atado, y sobre todo porque había niños pequeños a los que les deba miedo, me contestó un: “¿Por qué no ata usted a sus hijos?”

Lo único que tengo claro de todo esto, es que es inconcebible cuando se equiparan los derechos de los perros ante los derechos de los niños y ciudadanos. Es algo intolerable y nada ético. Y tampoco quiero quedarme con las ganas de decir que los parques y jardines son para los perros, porque no te puedes sentar en el césped a tomar el sol, o dejar a los niños/as que entren a correr por el césped en busca de hormigas o de flores puesto que aquello es un campo de minas de pises y cacas de los perros. Al igual que nuestras aceras. Siempre tienes que ir atento para sortear las sorpresas escatológicas de esos perros con dueños tannnnnnnn civilizados. Y un gracias para aquellos dueños que si tienen dos dedos de frente y hasta tres, y si llevan a sus perros atados y recogen sus cacas, que haberlos haylos.

 

 

3 mayo
2013
escrito por cosasdetias

Estamos viviendo muchos cambios sociales, haciendo cada día más compleja la estructura en las relaciones sociales. Nos movemos por ejemplo desde la pansexualidad (capacidad de desear sexualmente a otra persona independientemente de su sexo y género) hasta el otro extremo que sería la asexualidad. Hoy nos centraremos en esta última. Menos de un 1% de la población española se define como asexuales puros, es decir, que son personas que ni en actitud ni en pensamiento ni biológicamente tienen deseo o atracción sexual. Otras personas tienen un deseo sexual inhibido originado por distintas causas. Algunas de ellas podrían ser traumas infantiles, medicación, experiencias sexuales insatisfactorias, complejos de inferioridad, represión del deseo debido a sus creencias, no aceptación de la propia sexualidad, inhibición como defensa, etc.

Si este deseo sexual inhibido surge durante la adolescencia puede crear grandes conflictos emocionales, ya que no te sientes identificado con las necesidades de tus iguales, donde su ocio vendría motivado por la necesidad de satisfacción del deseo sexual y en cambio en una persona con este déficit sentirá que es rara, diferente, justificará su problema como falta de madurez, falta de experiencia, falta de alguna característica personal o lo vivirá como un hecho traumático que condicionará su posterior vida sexual.

Otra forma de inhibición es la secundaria, es decir, surge después de una vida sexual activa debido a distintos factores, como el déficit de testosterona, la menopausia, problemas hormonales o como una elección. En consulta nos encontramos parejas que eligen no mantener relaciones sexuales entre ellos, donde complementan su vida con viajes, comunicación y nuevos proyectos en común. El problema aparece cuando solo uno de los dos tiene deseo sexual y en ese momento se tiene que trabajar el buscar posibles soluciones. En terapia de pareja por ejemplo una forma sería trabajar las distintas alternativas, como pueden ser el aprender a crear un clima erótico adecuado, trabajar la comunicación sexual, no limitarlo al coito y desarrollar el amplio espectro del placer. Se orienta en este sentido debido a que muchas de estas personas no sienten deseo sexual pero sí disfrutan de las relaciones sexuales, el erotismo y la masturbación pudiendo llegar al orgasmo.

Existen varios mitos sexuales que queremos desmentir. Uno de ellos es el que las mujeres sean más asexuales. Otro sería el complejo de “pene pequeño”, donde está demostrado que un pene de 9 – 10 cm puede satisfacer plenamente a una mujer, pero en el hombre muchas veces el problema no es que tenga el pene pequeño sino que lo que tiene pequeña es la seguridad.

Una recomendación que queremos daros es que cuando toméis medicación preguntarle al médico los posibles efectos secundarios que puede conllevar, ya que os asombraríais de la cantidad de medicamentos que inhiben el deseo sexual.

 

 

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29 abril
2013
escrito por Ras

Imagen de la cara de Ras

Cada persona cuenta con recursos personales para hacer frente a los retos que ofrece cada nuevo día. Por poner un primer ejemplo, el hacer frente a ese tedioso tráfico que sólo hay por las mañanas, donde más que conductores adormilados encontramos a malhumorados seres que con enorme facilidad muestran sus dientes y el dedo corazón según va cambiándose mil veces de carril (acordándose además de tu santa madre, todo hay que decirlo). Otra situación a la que enfrentarse es el lugar de trabajo, donde los compañeros suelen escatimar por su ambición y su enorme placer en mirarse su ombligo desechando cualquier intento de trabajar en equipo y donde los superiores suelen tener las orejeras de yo no escucho nada porque siempre tengo razón y soy yo el que hablo al tener la verdad absoluta. Estos son “típicos y habituales” y consumen muchos recursos personales.

Luego están los ejemplos de imprevistos, tales como levantarse con un enorme dolor de cabeza, o darte cuenta que el día anterior fue el cumpleaños de un gran amigo y no lo llamaste, dar la bienvenida a nueva cana o a un osado michelín, que tu madre te llama y te saca de quicio por cuarta vez, que cuando vuelves de trabajar solo hay facturas en el buzón y la última es una multa (¡mierda!), que abres el correo electrónico y descubres que tu mejor amiga es paloma de la vega de la web de outlet, que estrenas unas deportivas y de regreso a casa pisas una caca de perro, etc. Estas situaciones son las que minan nuestra paciencia, nuestras habilidades sociales, nuestra educación, nuestro saber estar, incluso nuestro humor, pero son las “normales” de esta gran aventura que es el vivir.

Pero con las que no puedo y nunca podré, son las situaciones idiotas en las que encima discutes y ves que no sirve para nada. ¿Cómo explicarlas? Pues que son las fenómenas en cambiarte el humor para todo el día, que sabes que no merecen la pena  pero te tienen todo el día de mal humor y venga a recordarlas en un rum-rum /come come en la cabeza, que para más inri, además te autodestruyes diciendo lo idiota que ha sido tu comportamiento, y la de cosas que tenías que haber dicho y hecho y que no dijiste ni hiciste, porque la propia sorpresa de verte inmerso en tal gilipollez te tiene eclipsado. Os cuento la última mía.

Estoy en la gasolinera, que cuenta con ocho surtidores y sólo estoy yo. Vuelvo de pagar, subo al coche, y antes de arrancar, atiendo a mi bebé. Me dispongo a salir, y “me pitan”. Automáticamente, miro por el retrovisor escaneando la cara del que me ha pitado dando por hecho que será un conocido que se ha puesto tan contento de verme que incluso me ha pitado. Pero no!!!! es una ciudadana (lo de llamarla señorita o señora me parece excesivo en este caso) que empieza a apremiarme para que salga ya. Arranco y muevo el coche y me dispongo a irme, pero de repente digo, pero si está la gasolinera vacía!!!! Tiro de freno de mano, salgo del coche y le informo amablemente que si no se ha dado cuenta que el resto de surtidores están a su entera disposición, y es cuando descubro su enorme nobleza porque me piropea diciéndome que soy una espabilada a la hora de salir y que ella había elegido ese!!!! En décimas de segundos, decido que no merece la pena seguir manteniendo esa situación tan “made in torrente” y decido marcharme. ¿Para qué discutir con alguien que no ofrece argumentos interesantes?

Sabiamente, y sobre todo, por salud mental, te aconsejo que no malgastes recursos personales en situaciones idiotas y con personas necias, porque no merece la pena argumentar con quien no muestra argumentos, y porque “de donde no hay no se puede sacar” como decían nuestras abuelas. Tu humor es muy importante y hay que saber dónde gastarlo. Por ello, piensa con quién, cuándo, dónde y en qué quieres gastar tus recursos personales cada día. Carpe diem.

 

22 abril
2013
escrito por cosasdetias

El otro día una amiga nos comentaba que había sido muy duro para ella retomar las relaciones sexuales después de la separación con su marido. Eso nos hizo pensar que existen diversas situaciones que hacen que en el sexo haya varias “primera vez”.

A lo largo de nuestra vida nos podemos encontrar que el sexo en vez de ser una situación de placer, es un problema. Nos referimos por ejemplo a:

  • Hombres y mujeres que han sido intervenidos  quirúrgicamente en el aparato reproductor y/o urinario.
  • Patologías propias del aparato genital masculino y femenino.
  • Post parto.
  • Divorcio o separación
  • Situaciones de duelo y /o traumáticas.

Antes de tener nuestra primera relación sexual, lo que nos limita es la incertidumbre, se junta la ilusión con los nervios ante lo desconocido. Por mucho que nos hayan contado los amigos, las películas, los profesores y tus padres, no tenemos con qué comparar ya que no hemos tenido esa experiencia. En estos casos que planteamos es muy diferente, ya que nos hemos creado un concepto de nosotros mismos a nivel sexual, por lo que eso provoca unas expectativas acerca de cómo me tendría que comportar.  En muchos casos al pasar por estas situaciones pensamos que nuestra capacidad ha cambiado, que no vamos a poder tener la misma calidad en nuestras próximas relaciones sexuales. Dependiendo de la causa podemos sentir inseguridad, ansiedad, miedo al dolor, cuestionamiento de nuestra capacidad sexual “no estar a la altura”, angustia, etc.

En la mayoría de las ocasiones el tiempo hace que sepamos superar nuestros miedos y limitaciones, pero si no sabemos reconducir estas emociones se pueden “enquistar”, provocando un trauma que afecte de forma significativa en distintas áreas de nuestras vidas y a veces sin ser consciente de cuál era el origen del problema.

 

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